Escritores invitados

Pere Rovira
Antonio Jiménez Millán
Francisco Díaz de Castro


Pere Rovira

Pere Rovira (Vila-seca de Solcina, Tarragona, 1947) es profesor de literatura española moderna en la Universidad de Lérida. ha publicado los siginetes libros de poemas : La segona persona (Tarragona, 1979), Distàncies (Valencia, 1981), Cartes marcades (Barcelona 1988, edición bilingüe), Sàtires (Palma de Mallorca, 1994), Cuestión de palabras: Antología 1978-1993 (Granada, 1995, edición bilingüe) La vida en plural (Barcelona, 1996), Para qué sirve la sed. Antología 1981-2001 (Córdoba, 2001, edición bilingüe) y La mar de dins (Premio Carles Riba 2002, Barcelona 2003). También es autor de los siguientes libros de ensayo: La poesía de Jaime Gil de Biedma (1986), Los poemas necesarios (Palma de Mallorca, 1996), Cuando siento no escribo (Valencia, 1998) y El sentido figurado (Lérida, 1999).

Un miliciá

Encara et veig, amb el fum d'un havá
coronant-te, i el whisky molt lent de mitja tarda,
a la teva butaca, vell, ric i solitari,
segur de no tenir ni déu ni amo.
Em deies que, després d'una batalla,
hi havia més menjar, perqué éreu pocs.
I tanta por, la gana, la metralla,
la rábia dels morts sota la lluna,
s'esborraven, vençudes per un record més teu;
la venjança de no voler matar,
de no creure en l'infern de les idees.
No hauria salvat res la teva tomba
en un turó del sud. Tu ja ho sabeis
abans de fer els vint anys.
Una vida més tard,
t'has mort sense obeir, en una csa plena
dels luxes que voleis: llibres, música
i el temps que necessiten els vins nobles.
Has tornat a guanyar la guerra que vas perdre.

Un miliciano

Te veo aún, con la corona de humo
del habano, y el whisky muy lento de la tarde,
en tu butaca, anciano, rico, solo,
seguro de no tener ni dios ni amo.
Contabas que después de una batalla
había más comida, porque quedabais pocos.
Y tanto miedo, el hambre, la metralla,
la rabia de los muertos a la luz de la luna
se borraban, vencidas por recuerdos más tuyos:
la venganza de no querer matar,
de no creer en el infierno de las ideas.
Nada hubieses salvado en una tumba
en un monte del sur. Tú lo supiste
antes de haber cumplido veinte años.
Una vida más tarde, hoy, te has muerto,
viejo desobediente, en una casa llena
de los lujos que amabas: libros, música
y el tiempo que hace falta a un vino noble.
Has ganado otra vez la guerra que perdiste.


Antonio Jiménez Millán

Antonio Jiménez Millán nació en Granada en 1954. Actualmente es profesor de la Universidad de Málaga. Una amplia selección de sus primeros libros de poemas se incluyó en la antología "La mirada infiel" (1975-1998) publicada en Granada en la colección Maillot Amarillo (2000). Con "Ventanas sobre el bosque" (Visor, Madrid, 1987) obtuvo el premio Rey Juan Carlos I. Su último libro de poemas publicado fue "Casa invadida" (Hiperión, Madrid, 1995). Es autor de los ensayos "Los poemas de Picasso" (1983 y 1990), "La poesía de Rafael Alberti" (1984), "Vanguardia e ideología" (1984), "Poesía catalana contemporánea" (1993) y "Entre dos siglos" (1994).

Cabo de Gata

In memoriam Javier Egea

Fue éste su paisaje.
Desde el acantilado,
las rocas de color cárdeno oscuro
descienden hacia el mar
y vuelan las gaviotas sobre el faro
dejando atrás las barcas en la orilla,
las redes en la arena
batida por el viento de levante.

Al aire del desierto,
a la tierra quemada de las minas
distantes como emblemas del exilio
le llevaba un camino que atraviesa
dunas, cauces, vaguadas,
la roja sequedad de un mundo a solas.
El ágave y la yuca
habían resistido al temporal,
las aguas transparentes
ocultaban los bosques sumergidos,
las ágatas al fondo,
los últimos vestigios de una luz
que sólo alberga restos de naufragios.

Fue éste su paisaje en otro tiempo,
éstos fueron los símbolos
que quiso compartir bajo la estela
del sol de mediodía,
un sol que a veces hiere
como la culpa o el resentimiento,
como una despedida.

Él siempre hablaba de la soledad.

Desde el acantilado veo ahora
unas casas en ruinas,
una vela rasgada
y un retorno imposible.

La yerta soledad de las torres vigía.


Francisco Díaz de Castro (Valencia, 1947)

franciscodiazdecastro@hotmail.com

Reside desde 1969 en Palma de Mallorca, de cuya Universidad es catedrático de Literatura Española. Ha publicado diversos libros y estudios sobre literatura contemporánea y ha editado la poesía completa de Jorge Guillén (Anaya & Muchnik, 1993). Es, además, crítico literario de El Cultural, suplemento del diario El Mundo. Dirige la colección "Poeta", y codirige, con los poetas Pepe Rovira y Antonio Jiménez Millán, la colección "El cantor". Como poeta ha publicado en numerosas revistas y es autor de los libros "Isla" ,Palma de Mallorca, 1982, "El retorno" Valladolid, Cortalaire, 1994, "El Mapa de los años", Palma de Mallorca, Calima, 1995, la antología "Utilidad del humo" (1987-1997), Granada, Maillot Amarillo, 1997 y "La canción del presente", Valencia, Pretextos, 1999. así como de las plaquettes "Inclemencias del tiempo" (Sinera, Málaga, 1993), "Es un decir" (Ibiza, 1994) y "Noches de hotel" (Poesía de paper, Palma de Mallorca, 1995), "Utilidad del humo" (1987-1997), Granada, Maillot Amarillo, 1997 y "La canción del presente", Valencia, Pretextos, 1999.

Abril

Flotan unas gaviotas por el aire.
No suena el mar, se brinda
sosegado a mis pies, como inocente,
en su momento de mejor presencia,
ese que en superficie y resplandores
apacigua certezas y recuerda a quien mira
que son uno vivir y haber vivido,
cuerpo y conocimiento.

Suenan entre las rocas unas risas
a juventud confiada, como si fuera eterna
su eternidad. Siento, imagino,
las caricias, los labios, el jadeo,
la porfía de manos y de muslos.
Y no existe el instante porque ellos nada saben.

Yo olvido y amo ahí, con esos cuerpos.
Me rozan sus cabellos, o es la brisa,
como un escalofrío del placer
que contagia este aroma de ansia joven.
Y nuevamente soy el que espiaba.

Bebo con la mirada
la paciencia del mar ajeno al tiempo,
el turquesa imposible de la hora,
estos ruidos de amor, esta luz limpia,
la plenitud hiriente de los cuerpos.

Y tú estás junto a mí, y a mi lado caminas.
En el olor salobre de estas piedras
estallas, juventud. Estás conmigo,
te tengo porque fui, mas no me perteneces,
y ya no sé buscarme en tu promesa
si no es para encontrarme en extravío
por tu propia belleza hacia mi sombra.